José B.
Ruiz

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Contemos una historia

Vivencias compartidas en un fin de semana de masterclass con Carlos Pérez Naval, el joven ganador del concurso Wildlife Photographer of the Year

El zorro y el palomar.

 

Desde que era un cachorro al zorro le fascinaban las palomas. Iban y venían por el cielo, fuera de su alcance, rápidas y elegantes. Ese día se acercó al palomar para observarlas de cerca, poco después del amanecer. A cierta altura descubrió un punto débil en el castillo, una ventana baja a la que podía acceder. El zorro entró en el palomar. Las palomas salieron volando y quedó atrapado. La pared interior era lisa y al saltar hacia abajo quedaba innacesible. Era una trampa. Poco después la puerta del palomar se abrió y varios seres humanos entraron. Poco después todo se volvió oscuridad.

Encontramos un zorro muerto cerca de la puerta del palomar. Era obvio que con la consolidación la pared rugosa permitía el acceso a la ventana, ahora tapada con un plástico metido a presión. Para la foto lo sacamos, y después volvimos a colocarlo. Hicimos muchas tomas con teleobjetivo, utilizando la pared de cemento como textura uniforme de fondo donde destacar la figura del zorro, que colocamos para relatar convenientemente su desafortunada historia. Se trata, por tanto, de una escena preparada con una finalidad. La posición del zorro recuerda cuando estaba vivo por ser una pose muy dinámica, con una pata en alto que refuerza la sensación de movimiento y de caminar hacia la abertura de la ventana.

En este caso la foto clave es la del zorro contra la pared, pero vamos a aportar también una imagen abierta de la localización, el palomar en el paisaje. En este caso con un momento que aporta cierta sensación de drama, con esa tormenta en ciernes. Para entrar y salir de la escena e ir mostrando detalles y planos generales se suele fotografiar escalando las focales, de forma que utilicemos diferentes rangos de focales o bien de distancias, con planos abiertos y cerrados.

Casi a la vez tras el hallazgo del zorro, Rodrigo y yo nos pusimos manos a la obra para escenificar la historia, eligiendo un lugar donde el contraste fuera uniforme, así como la textura, un lugar que resaltara al zorro y que lo vinculara con lo sucedido. Aquí noté que Carlos también se esfuerza en organizar una escena y aportar de sí mismo, con ideas y propuestas, variando las tomas tanto como pudo desde el angular hasta el teleobjetivo. Sin duda, es una gran lección, podemos participar en la escena, si bien debemos hacerlo constar cuando la publiquemos, debe quedar claro que no es una escena encontrada sino construida.

Carlos estaba trabajando el paisaje, practicando con las atmósferas y observando los bandos de grullas que cruzaban el cielo tras el palomar.

Poco después encontramos el zorro muerto, como momificado por haber estado un largo periodo a la intemperie y decidimos preparar una escena que cuente la historia, una práctica de guión.

Carlos utiliza un teleobjetivo para comprimir la escena y poder utilizar a distancia, la pared como fondo, creando una imagen sorprendente.

Una foto de localización, el palomar de Torralba de los Sisones con la tormenta en ciernes. Si se publicara junto al zorro como parte de un reportaje o foto complementaria podría requerir un procesado que igualara un poco tanto el color como el contraste.

Una estructura muy ancestral de formulación diagonal. El dinamismo de la postura del zorro y su direccionalidad se refuerzan con la presencia del rectángulo oscuro de la ventana en el vértice opuesto, pero respetando unas proporciones.

Esta es la estructura en diagonal. Muchos autores se basan inconscientemente en ella, pero cuando la conoces la identificas de inmediato. Es una estructura de gran importancia en composición. Es importante que la relaciones con la foto del zorro y la ventana.

En el próximo post nos manifestaremos en contra de lo que muchos afirman: que existen reglas en el arte y que se pueden romper.